¿Qué mejor manera de celebrar el Día del Libro que con una crítica al último libro que decidí dejar caer en mis manos la semana pasada y he acabado hoy?
Fanny Hill: Memorias de una mujer de placer [1749] (John Clealand)
Fanny Hill: Memorias de una mujer de placer [1749] (John Clealand)

Fanny Hill es la primera novela erótica en la historia de Inglaterra. Se trata de un bildungsroman escrito en forma espistolar que le brinda al lector la oportunidad de presenciar el descubrimiento que Fanny Hill, una chica de pueblo, hace del sexo y del amor. Cuando sus padres se mueren, Fanny Hill se encuentra, aunque sola, supuestamente ayudada por Esther Davis, quien la lleva a Londres para que se gane la vida. Pero una vez allí Esther traiciona a nuestra heroína y es ahí donde la historia de descubrimientos y placeres empieza.
Aunque hay en ella abundancia de esterotipos y de más que probables exageraciones que concluyen en un idílico final, creo que leída en contexto tiene un gran valor. Es decir, como lectores eficientes que se nos requiere ser debemos nivelar nuestros horizontse de espectativas con los de 1749 para poder apreciar lo novedosos y revolucionario de la obra. Es decir, ponernos en el lugar de cualquier persona de la época, teniendo en cuenta las influencias que podía haber tenido y su forma de pensar. Por eso recomiendo que se vea antes una buena película ambientada en el siglo XVIII para poder luego acceder al contenido de la obra en caso de duda. Como ejemplo me gustaría poner el momento en el que Fanny presencia una escena homosexual a través de una grieta de la pared y corre a denunciarla a los dueños de la pensión en la que se encuentra. Por supuesto que, hoy en día, muchos de nosotros no entendemos ni toleramos este comportamiento, pero teniendo en cuenta el contexto nos damos cuenta de que su actitud no es nada rara ni injustificada por la religiosidad, la moral y, en general, la sociedad de la época. Añadir que, curiosamente, Fanny se cae al suelo, se desmaya y los amantes consiguen escaparse. (1)
Después de todo un cuatrimestre de Literatura del S. XVIII y de oir pasar por mi mente títulos como Moll Flanders, Pamela y Fanny Hill decidí optar por este último al tratarse una obra polémica que amenazó una sociedad basada en la religión, la moralidad y la honra. Así que me hice con la novela las Navidades pasadas pero debido a lecturas obligatorias y a su duro comienzo la dejé aparcada en la mesita hasta que la semana pasada decidí darle una oportunidad y los resultados no pudieron ser mejores. Es ciertamente una novela muy entretenida en la que los cambios en la vida de la protagonista crean suspense (¿qué le pasará ahora? ¿se quedará en la calle como el resto de las chicas?) pero también tiene un tinte moral (que debe ser contextualizado) que no salvó a su autor de la cárcel. Recomiendo totalmente esta novela, sobre todo a aquellos como yo, que nunca hayan leído una novela erótica. Ciertamente esta pieza de arte está llena de buen gusto y sensualidad sin caer en los burdos tópicos en los que sus adaptaciones cinematográficas (exceptuando la de la BBC, que creo que está bastante bien) basaron la trama. Pero lo que más necesita resaltarse es el proceso de maduración al que se enfrenta Fanny Hill durante los 4 años en los que se basa la novela en los que experimenta con su sexualidad pero también con la traición, la envidia, el cinismo, la lealtad, el respeto hacia una misma y sobre todo el amor.
(1) La autoría de este pasaje aún está en entredicho y algunos teóricos dudan que sea del propio Clealand mientras otros argumentan que, debido al caracter general de la novela (escrita desde un punto de vista femenino en el que "la chica está obsesionada con la talla") es un refejo de la homsexualidad encubierta del autor.



1 comentarios:
No paso por aquí hace una semana, así que, aunque sea tarde, te deseo que hayas pasado un buen día del libro.
¡Por san Jorge!
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